Gato ya no está.
Desapareció
Nuestro cariño se esfumó y sólo quedó niebla, algo confuso
Te prometí algo, o me lo prometí a mí mismo
Lo sepas o no, lo haré algún día
Me duele perder una amistad así. Me duele ser así.
La conocí por el nombre de Ale. Estaba en
Facebook y me mandó una solicitud de amistad. Muy pocas personas lo hacen con
desconocidos, pero ella se atrevió y yo, al ver su mensaje, acepté. La agregué
e inmediatamente pregunté si la conocía por amigos en común. No, no era eso; en
realidad era porque vio mi comentario en una publicación de una página y
supongo que le gustó.
Mi instinto acosador me llevó a ver su perfil
y, a continuación, sus fotos. Lo que más recuerdo ahora de ella es su cabello;
para ser más exactos, sus pequeños rulos. Cabello corto y negro; pestañas
largas y ojos grandes; nariz pequeña y su boca estaba pintada de lápiz rojo. En
la mayoría de las imágenes ella veía fijamente el centro de la cámara, así su
mirada reflejaba más misterio y, consecuentemente, más atracción a mí.
Luego de ver una y
otra vez sus fotos, me di cuenta que no era de mi país. Una pena.
Posteriormente, le pregunté y me dijo que era de un país de otro continente.
Repito: Una pena. Pero
en cierta parte eso le daba más misticismo a la conversación. Había más cosas
por preguntar y descubrir de ella. Debo reconocer que su ortografía me
sorprendió, he ahí cuando pensé que era mayor que yo, por lo menos unos tres
años más. Pero no, tenía apenas unos meses más que yo y eso la hacía mucho más
atractiva. Creo que desde que la conocí encontré el afán de tratar de escribir
bien.
Coincidimos en algunas
bandas y también en la música clásica. Más atractiva todavía. Me ponía a
recordar y creo que ella era la primera persona así de interesante que había
conocido antes. No sé si pensaba lo mismo de mí, al ser alguien un poco
aburrido y con el tiempo sin encontrar temas de conversación, fácilmente se
cansaría. Fue una pena que ella no tuviera mucho tiempo para conversar la
primera vez que nos conocimos, así que tuve que quedarme con las ganas hasta
otro día.
Pasó el tiempo y
también pasaron muchas conversaciones. Nos reíamos juntos, opinábamos de
aquello, nos burlábamos de esto, compartíamos material musical, nos conocíamos
más. Aunque no sé si “conocer” sea el término adecuado, porque no puedes
conocer completamente a alguien sin haber interactuado en persona antes. Pero
eso no nos importaba, nosotros la pasábamos bien. No puedo negar que me gustó
desde que empezamos a conversar por primera vez, pero yo ni enterado, tuve que
ponerme a pensar por qué me gustaba mucho tiempo después, y para ese entonces
la situación era distinta. Claro que nunca se lo dije porque en el fondo no
quería intentar otra vez una relación a distancia, no quería estropear nuestra
linda relación de amistad.
Recuerdo que hubo un
tiempo en que abarcamos el tema de la sexualidad, me gustaba conversar con ella
al respecto. Yo la imaginaba desnuda y teniendo relaciones, después le contaba
cómo fue y ella me contaba lo mismo pero conmigo. Otras veces sólo nos hacíamos
preguntas y nada más. Creo que esa época fue cuando nuestros deseos y la
atracción que sentíamos llegaron a lo más alto. Yo la deseaba mucho y quería
que estuviera conmigo físicamente. Sin embargo, todavía había algo que me decía
que no podíamos estar juntos.
Después de esa época
hubo el declive de nuestra relación. Nos entendíamos menos, o por lo menos yo
la entendía menos que antes. Ella empezó a darse cuenta que yo no fui la
persona más abierta a conocer más de uno mismo y eso le parecía injusto. Las
cosas cambiaron y dejamos de gustarnos.
Volviendo a la
actualidad, hace unos días soñé con ella, o eso creo. La figura de la mujer y
su esencia era lo más parecido a ella. Soñé que moría y que no querían que la
viera en su lecho de muerte. A continuación intentaré describir el sueño lo más
que me dé la memoria:
El ambiente no era bueno. Se veía oscuro y
lleno de viejos edificios, todo lo que no le gustaba a ella: la vieja ciudad.
El cielo tenía un tono gris que nunca había visto antes. No era para nada
bueno, sabía que algo pasaba.
Seguí caminando y vi a mucha gente, era un
público que vestía de terno del color del cielo. Al frente logré ver un espacio
cerrado en cuatro paredes, no recuerdo bien si era una casa o un depósito, se
veía muy superficial y para nada real. Yo sabía que ese público esperaba ver
algo o alguien, o tal vez esperaban que yo entrase para ver aquello. Sin
embargo, un señor me dijo que no podía entrar porque su estado era muy malo. No
me importó y entré a aquel lugar, me esperaba otro escenario totalmente
distinto al de afuera. Este lugar se veía calmado, pero notaba que algo
lentamente moría, como si el gran árbol del bosque, que todos los animales
admiraban y querían, se hiciera viejo y finalmente desaparecería.
Al entrar más al fondo de aquel lugar, encontré
a esta figura recostada en una cama. Inmediatamente reconocí que era ella y
supe que no estaba muerta, pero que ellos querían verla muerta. Lo sabía, de
alguna manera lo sabía porque era mi sueño y porque yo era el único quien podía
terminar la historia. Entonces me acerqué a ella y la abracé, lloré y los
maldije. Ellos tenían la culpa de que ella estuviera así, no sé por qué pero lo
sabía. Así son los sueños a veces.
Había pasado mucho tiempo desde que nos
veíamos, creo recordar que en el pasado habíamos sido novios y ahora yo también
me echaba la culpa por haberla dejado sola. Ella apenas podía mirarme, y aunque
su mirada me bastaba para notar que sabía que había llegar por ella, no
encontraba la manera para recuperarla, para sacarla de ese lugar y traerla
conmigo, cuidarla y volver a estar juntos. Fue en ese entonces que mandé todo a
la mierda, la levanté, la cargué hasta afuera y de alguna manera escapamos de
esa dimensión. Sí, digo dimensión porque es lo más coherente que se me ocurre
decir para explicar que después de ese instante empezó una secuencia de transportación
hacia muchos lugares o momentos juntos.
Lamentablemente, no recuerdo mucho más después
de aquello.


